Rebelde con causa (I)

Su hijo mayor, Adrián, es su vivo retrato. Luis, el más joven, tiene su mirada. Pero no hay nada más potente que los recuerdos orales y fotográficos para traer de vuelta al salón de su casa a José Luis Vara, capitán del Deportivo en los años 80 al que un cáncer se llevó hace ocho. Tenía 50. Desde entonces, en cada aniversario, no faltan menciones a su figura en Esteiro, su villa natal. Ni en Carballo, venerado como era en las Escuelas Luis Calvo. Y tampoco en A Coruña, de donde nunca quiso marcharse hasta que la fijación de un sector de la grada de Riazor le hizo asumir que no podría ser profeta en su tierra.

«Eran los de ‘los puros’». A María Mayo, viuda de José Luis, se le tuerce el gesto al rememorarlo y apuntar al palco. «Le echaban la culpa. Decían que si el Dépor jugaba bien era porque él quería. Pero también que si el equipo no ascendía a Primera era cosa de que él tenía miedo a no ser titular en la categoría», explica. De aquella etapa en la que las puertas de la división de honor parecían cerradas para los herculinos, María pone el dedo concretamente en una: el tramo final de la temporada 86/87, con aquel fatídico partido en casa ante el Castellón.

“Tenía dos cosas fundamentales: una, no se casaba con nadie; y dos, predicaba con el ejemplo

«El Dépor era el amor de su vida. El día que no ascendieron, fuimos a casa andando desde el campo, manteniendo el tipo. Vivíamos en la Ronda de Outeiro. Cerró la puerta del portal, llegó hasta los escalones y se sentó ahí a hartarse de llorar». Ocurre que aquel capítulo murió en la entrada de su casa, pero sus detractores siguieron en Riazor, donde le esperaban semanas después. «Pasó el verano, empezó la pretemporada y, cuando fue la presentación, llegó al estadio y le empezaron a silbar. Le dijeron de todo menos bonito. Iban a irse a Ribadeo, y entonces me comentó: “Te digo una cosa, María: Nos vamos del Dépor”», cuenta María.

Para hacerse una idea de cuán expuesto estaba, Mayo rebusca en su baúl de memorias. En los días de partido en el feudo blanquiazul y, en concreto, a cómo ella intuía de antemano si José saldría con todo sólo con ver los gestos de sus brazos en los minutos previos al choque: «Estaba sentada un día en el palco con la mujer de Moreno. Y se nos sentaron dos detrás, con el puro. El equipo estaba preparándose, y era de uno esos días en los que se veía que José calentaba con el pálpito de algo bueno, y uno de ellos dijo: “Míralo, míralo. Hoy perdemos”. Ponían el foco en él porque era el capitán, venía de abajo y tenía carácter».

José Luis, en un encuentro con el Deportivo (Foto: Cedida por María Mayo)

Vara encontró un ruidoso punto de apoyo en otra localización del estadio. Y perduró en el tiempo, porque los Riazor Blues nunca se olvidaron de él. Para tener una medida de ello, su hijo Adrián alude a la indecisión de la directiva del Dépor a si hacer o no el minuto de silencio en homenaje a su memoria días después de su muerte: «Los Blues llegaron a advertir de que no irían a la grada si no se hacía. Hay que agradecérselo». También se acordaron de él en el Betis, donde se ganó a la gente tras un primer partido que deparó un derbi ante el Sevilla: «Fuimos al Benito Villamarín años después y el señor que controlaba los accesos no quería cobrarnos la entrada al estadio».

En anécdotas como esa encontramos el baremo preciso para entender cómo en un mundo de vínculos frágiles como el fútbol su figura genera tanto consenso. En el cariño de un celtista de siempre como Javier Maté. En el de clásicos como Arsenio. En el de los críos que él entrenó en Carballo y ahora asoman cabeza en el balompié semiprofesional. En los vestuarios donde vivió. No duda María al explicar uno de los porqués: «Tenía dos cosas fundamentales: una, no se casaba con nadie y no se andaba con medias tintas ni con los demás ni con él mismo; y dos, predicaba con el ejemplo. No era ambiguo».

“Uno de los que estuvo en el cotarro para que llegase al Dépor fue Amador, cura y tutor suyo en el Seminario de Santiago

Eso fue lo que llevó a portar el brazalete del Deportivo durante los 80 y a echarse a la espalda una carga que muchos aprendieron a valorar con el tiempo. Otros ya lo habían hecho antes, porque le veían en el día a día. Y veían a un líder. «Le nombraron capitán los compañeros. A dedo. Porque cuidaba del resto y, en especial, de los jóvenes». Y en ese rol de páter, halló una suerte de hijo en Vicente Celeiro. «Era su protegido dentro del campo. Levantaba la cabeza y sabía que él iba a estar preparado, pero ‘Bichi’ era delgado y con un empujón podían mandarle a la grada. Y si pasaba eso, José se calentaba. Como le tocasen a Vicente…».

Porque algo de ese genio también venía de familia, y María alude a la madre de José Luis en un episodio muy específico para retratarlo: «Él estaba en el Seminario, en Santiago. Y uno de los que estuvo en el cotarro para que llegase al Dépor fue Amador, el cura. Era su tutor, y desde entonces tuvieron relación toda la vida. Pero la que mandaba en casa era mi suegra, y no le gustaba la idea de que José se viniese a Coruña. Le dejó, pero a regañadientes. Amador ayudó a convencerla de que él podía valer para el fútbol. Hizo de mediador, como los familiares de Luis Suárez».

*Este es el primer episodio de una serie de dos reportajes sobre la figura de José Luis Vara. El siguiente será publicado el próximo lunes 27 de noviembre.

 

4 comentarios en “Rebelde con causa (I)

  1. Un apunte; en el partido contra el Castellón o se decidía nada. El deportivo había perdido el ascenso dos jornadas antes en el derby, con un penalty increíble inventado por Díaz Vega tras un tropezón fuera del área de Alvelo (el jugador que luego quedaría paralítico). Fue también el partido de los incidentes en la grada, que salieron en todos los telediarios y Estudio Estadio, con aficionados y policías lesionados. Aquel Deportivo no tenía suerte, lo del Rayo en el 83 fue tal vez el partido más dramático y triste de su historia, más todavía que lo del penalty de Djukic.

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    1. ¡Hola! Muchas gracias por el aporte y disculpa por no haber contestado antes. Tengo esto un poco abandonado. Acabo de revisar lo que me comentas y tienes razón, el de Castellón era posterior a haber perdido las opciones de subir. Lo corregiré tan pronto pueda.

      Recuerdo el episodio de Alvelo. Yo por aquel entonces no había nacido, pero sí he tomado nota de todas las referencias que me han ido dando. Una época difícil, por decirlo de forma suave.

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